Crisis económica argentina

CRISIS ECONÓMICA ARGENTINA

Como plantea Enrique Fuentes Quintana, catedrático de hacienda pública y derecho fiscal de la Universidad Complutense de Madrid, podemos observar las crisis económicas como un tópico social pues una crisis económica equivale a un empobrecimiento general de la población, que ve reducido su nivel de vida y, lo que es más importante, sus posibilidades de crecimiento futuro.

Y, como todos los tópicos sociales, agrega el catedrático, despiertan una justificada actitud de prevención defensiva siendo muchas las razones que explican esa actitud generalizada aunque pareciera ser una la que predomina por su frecuencia: La reiteración. 

No hay tópico posible sin un uso social continuado y esa condición la cumple con creces y hasta el límite del abuso, la actual crisis económica argentina.

Esta actitud defensiva de la población ante las crisis económicas no se explica únicamente por su reiteración, también por su abusiva utilización

No hay político comprometido, ni empresario en dificultades que dejen de aludir a las crisis como premisa condicionante de su gestión. Nada pareciera poder hacerse en la crisis; todos los males parecen imputables a su presencia.

Y entonces, esa remisión protocolaria a la crisis como causa eximente de quienes dirigen o interpretan la vida económica, social y política añade al cansancio producido por su utilización reiterada el rechazo y la irritación públicas.

De algún modo, la crisis se ha convertido en un tópico social dominante que ha ido perdiendo, con la generalización de su uso, capacidad descriptiva y ha ido ganando contenido emocional.

Una crisis económica es, en efecto, algo de lo que todos hablan, muchos utilizan interesadamente, que pocos conocen y que casi nadie está dispuesto a remediar con la aportación de su esfuerzo y sacrificio.

Pero, ¿debemos ser indiferentes a las crisis?. Es cierto que hablar de un tema que suscita una mezcla de cansancio e irritación no es agradable. Pero es, en cualquier caso, una ocupación necesaria imprescindible, y lo es porque las consecuencias de las crisis tienen tal importancia y gravedad que no es admisible, ante su continuada presencia, ni el cómodo silencio ni un escepticismo distante y pasivo.

A la crisis económica que hoy vivimos nadie puede permanecer ajeno, porque todo lo domina.

El destino de quienes formamos parte de las generaciones actuales, las oportunidades de empleo y de realización personal de quienes hoy buscan su formación en los centros de enseñanza, el porvenir y bienestar de las familias, la supervivencia de las empresas, el adecuado desempeño de sus funciones por el sector público, el destino de un porcentaje cada día mayor de una población sumergida en la extrema pobreza y de otra que pareciera seguir el mismo camino, están y estarán severamente limitados por las respuestas que sepamos dar a los problemas planteados por la actual y anteriores medidas económicas.

Y esas respuestas constructivas están, a su vez, condicionadas por una conciencia pública de sus características, de sus dimensiones y de sus exigencias.

Una sociedad que ignora los rasgos que definen nuestra crisis económica y los factores que la producen está condenada a seguir padeciéndola.

La crisis económica y la actividad privada

Las empresas son mayormente los sujetos principales de las crisis porque la viven, porque la sufren, porque la transmiten, porque son las generadoras de empleo, las creadoras de valor.

Ellas están obligadas a adaptarse a la crisis ganando en flexibilidad, flexibilidad de producto, flexibilidad de tecnología, flexibilidad de organización, flexibilidad de mercados.

Superar la crisis significará para ellas acometerla con una actitud positiva pero su acción ante las autoridades no debe ser para pedir protección, sino para pedir facilidades en su reconversión industrial, para pedir reducción en sus incertidumbres que les permita hacer más viable su acción exportadora y su adaptación a las nuevas circunstancias internacionales.

Y, obviamente un gobierno con la responsabilidad de generar políticas publicas que posibiliten lo expresado anteriormente.

La opinión de algunos Premios Nobel

A continuación conceptos de algunos premios Nobel frente a situaciones de crisis. Estas opiniones fueron levantadas por la revista U.S. News and World Report.

Aunque su punto de vista está enfocado a los EEUU, sus ideas sobre paros, inflación, crecimiento y déficit pueden ser tomadas como ejemplo para decidir políticas a seguir.

Kenneth J. Arrow (Standford University): " Los anales de la historia indican que es posible un crecimiento sostenido sin que haya una inflación alta. Por otra parte, parece que hemos creado una serie de expectativas inflacionarias, junto con una combinación de circunstancias que no comprendemos cabalmente y que constituyen un foco de inflación que se auto perpetúa. Por lo tanto, al avizorar los próximos años, no parece posible sostener en realidad un alto empleo y evitar la inflación, aunque sí podremos mejorar la situación actual.
La pérdida de producción a largo plazo debido al desempleo es en esencia un problema más grave para la economía que la inflación.
Me gustaría que hubiera políticas fiscales y monetarias moderadas, de manera que pudiéramos trabajar en ambos problemas a la vez.
No podemos dejar que empeore la situación del empleo, aunque esto signifique renunciar a otras metas.
No estoy de acuerdo con quienes sugieren que utilicemos métodos de choque o una recesión económica muy seria para eliminar la inflación.
Eso podría tener consecuencias desfavorables permanentes.
La gente no olvida fácilmente una depresión; ésta crearía expectativas muy pesimistas que serían una gran inhibición para nuevas inversiones, la investigación y la expansión comercial."

Milton Friedman (Hoover Institution): "Es perfectamente posible contar con un crecimiento económico sostenido y una inflación baja. Lo único que se necesita es una dosis de buen gobierno: por una parte, directrices monetarias; y política fiscal y reguladora por la otra.
El remedio de la inflación es condición necesaria para lograr progresos en nuestro segundo problema: el crecimiento lento y errático. Sin embargo, otras dos áreas han de atacarse también para acelerar el crecimiento. 
Primero, el gobierno absorbe una fracción mayor de los recursos de la economía, dejando menos florecimiento del sector privado. En tiempos de paz, nunca ha habido un período en el que los gastos del gobierno fuesen una parte tan grande del ingreso nacional como hoy.
Segundo, el gobierno reduce los incentivos a los ahorros, la inversión y la innovación por parte del público. Las altas tasas de impuestos hacen que la gente busque protecciones tributarias y no inversiones productivas. Además, la regulación gubernamental y el extenso control sobre los detalles de la actividad económica significan que gran parte de la inversión iniciada se realiza para satisfacer reglamentaciones específicas y no como aportación a la capacidad productiva de la nación.
El gobierno puede interferir con el crecimiento económico real, más no puede producirlo. Puede proporcionar un respaldo favorable, pero el crecimiento real se genera fundamentalmente en el sector privado, gracias a los individuos que ahorran, invierten dinero, corren riesgos e innovan."

Paul A. Samuelson (Massachusetts Institute of Technology): "La modificación rápida de nuestra trayectoria de crecimiento con inflación precisa de medidas severas, las cuales no apoyo. Es insensato pensar que hay un método sencillo y sin riesgos para hacerlo. La verdad llana es que, en una economía moderna, tenemos que conciliar los males.
El error fundamental que cometen muchas personas es pensar que la inflación es como la viruela: si podemos erradicar el último caso del mundo, desaparecerá para siempre. Más bien, la inflación es como estar un poco pasado de peso. Cualquiera puede seguir un régimen y perder 10 kilos; el problema consiste en no recuperarlos.
La inflación siempre está al acecho, presta a reaparecer. No estamos atrapados en una inflación a largo plazo si estamos dispuestos a pagar el precio.
Otras naciones, incluidas Suiza, Alemania Occidental y Japón, nos han demostrado que sus logros al retardar la inflación iban acompañados de recuperaciones inferiores a las promedio.
La tasa promedio de crecimiento real en la producción de Estados Unidos durante los años del milagro de la década de los cincuenta y principios de los años sesenta fue del 2,5 % en una época en la que el crecimiento del resto del mundo era desmesurado.
En aquel entonces, los colaboradores del presidente Kennedy estimaron que el crecimiento real posible era más bien del 4% en la economía de Estados Unidos. Así pues, la diferencia entre el 2,5% y el 4% en el crecimiento real podría ser la medida del precio pagado para amortiguar la inflación por la guerra de Corea."

Lawrence R. Klein (Wharton Scholl, University of Pennsylvania): "Desde el punto de vista intelectual y lógico, no hay motivo para que no podamos salir de la maraña de bajo crecimiento y alta inflación en la que estamos metidos. Otros paises, incluidos Alemania, Suiza y Japón, lo pudieron hacer, al menos por un tiempo.
Sin embargo, no hay una solución rápida. Si aceptamos la opinión de que nuestro problema data de mucho tiempo, es razonable creer que se necesitará un largo período para resolverlo.
Lo que se requiere es más formación de capital, mayor proporción de gastos para investigación y desarrollo, un apoyo más generoso a la investigación básica y menos regulación a la industria.
Nuestros esfuerzos deberán orientarse a la reducción de impuestos a las empresas más que a las personas físicas. Es necesario mejorar la productividad. La formación de capital se rezagó, al igual que el uso más eficiente de la energía. Éstas no son las cosas que pueden realizar directamente los individuos, por lo cual es natural pensar que es en el sector empresarial donde se lograrán los primeros progresos.
Para trabajar con un enfoque a largo plazo, los funcionarios gubernamentales han de tener presente un punto de vista definido en cuanto a lo que intentan hacer y ser vigorosos al respecto. Deben ser muy resueltos y perseverantes. Hasta ahora hemos tenido personas que reaccionan ante los problemas del día, los de cada semestre; al parecer, no han podido prever y planificar en consecuencia. A los políticos les resulta difícil tener perspectivas de largo alcance porque todos ellos buscan la reelección.
La gente tendrá que aceptar que estos cambios lentos y graduales pueden traducirse en algunos años de muy lenta mejoría en su nivel de vida, aunque eso no significa necesariamente que nuestros niveles de vida tengan que empeorar. Solo que los individuos deberán ser más pacientes al aguardar los resultados económicos.
Al mismo tiempo, será necesario darles mejores explicaciones de lo que sucede, a fin de que sepan por qué tienen que ser pacientes."

¿Qué nos pasa durante una crisis?

Opina el Dr. Fuentes Quintana que cualquier intento de analizar la crisis económica debe reconocer las perplejidades que su presencia produce en quienes la padecen. Perplejidades que siempre han acompañado a toda situación crítica. Ortega afirmó con acierto que quienes viven una crisis padecen en sus momentos iniciales la ignorancia del desconcierto.

En una situación crítica, decía, "no sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa: el hombre de hoy empieza a estar desorientado respecto a sí mismo y a la circunstancia nueva que es como una tierra incógnita".

Es por eso que, identificar las circunstancias de la crisis es la primera condición para conocer dónde nos encontramos.

Entre los rasgos fundamentales que tendrían que identificarse pueden citarse:

1) Su profundidad por medio de la interpretación de diversos índices.

2) Su gravedad contemplada a través de su duración y

3) Su carácter a nivel local e internacional.

En conclusión, no puede definirse una única causa responsable. La crisis económica argentina es multicausal y de altísima complejidad que produce un mix donde la componente moral posee una incidencia altamente preocupante.

 

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